Johanna Sigurdardottir, Primer Ministro de Islandia.

La campaña de United Colours of Benetton ha causado revuelo internacional  porque muestra figuras de la política internacional besándose en la boca; nadie duda que Barack Obama y Hugo Chávez, Abbas y Netanyahu, así como los presidentes de Corea del Norte y Corea del Sur sean heterosexuales y que la campaña simplemente trata de llamar la atención con éstas “muestras de amor y tolerancia” pero, ¿qué pasaría si a un presidente o primer ministro realmente se le viera besando a una persona de su mismo sexo?

Johanna Sigurdardottir, primera ministra de Islandia es la única figura en un puesto de Jefe de Estado o de Gobierno en aceptar públicamente su orientación no-heterosexual, además, poco antes de asumir el puesto contrajo matrimonio con su pareja de varias décadas, hecho que fue conocido mundialmente. Aunque se ha especulado de otros políticos presentes y pasados, nada ha sido confirmado respecto a su posible homosexualidad. Otros políticos importantes tales como el alcalde de París, Bertrand Delanoe, el alcalde de Berlin, Klaus Wowereit y el gobernador de New Jersey, James McGreevey han mantenido sus vidas personales en privado aunque todo mundo sabe que son gays.

En México ha habido pocos políticos abiertamente LGBT, tal es el caso del diputado en la década de los 80, Max Mejía, la diputada de los 90, Patria Jiménez y los diputados de ésta década, David Sánchez Camacho y Enoé Uranga, todos emanados de partidos de izquierda. Nunca ha habido un gobernador abiertamente gay sin embargo cabe resaltar un caso que se dio a finales del 2010: Puebla fue testigo de una campaña sutilmente homofóbica por parte del PRI al candidato de la alianza PAN-PRD-PANAL-Convergencia Rafael Moreno Valle quien eventualmente ganó la gubernatura a pesar de los apodos de mujer y referencias a «la candidata» que se hicieron por parte de su rival Javier Zavala por su supuesta homosexualidad. Esto dejó ver cómo la homofobia aún es considerada por muchos como un herramienta de desprestigio y, desde mi punto de vista, deja ver cómo en muchas de las ciudades y estados de México aún la sociedad no estaría dispuesta a aceptar políticos abiertamente gays o lesbianas.

Como mencionaba en el artículo del 13 de Octubre, el proceso electoral apenas empieza y habrá que ver si algunos partidos nominan a candidatos no-heterosexuales a puestos de elección popular y no sólo a diputaciones de mayoría relativa como se ha dado en algunos casos en el pasado. Por lo pronto para la presidencia de México no habrá ninguno, de hecho a Peña Nieto se le acusa de homofóbico por la represión hacia el profesor Agustín Estrada hace un par de años, a López Obrador no se le conoce como un promotor de los derechos LGBT y de hecho entre algunas organizaciones se le guarda aún rencor por no apoyar la Ley de Sociedades de Convivencia durante su mandato al frente del D.F. y, de los panistas no hay mucho que decir.

Y quizás nunca lleguemos a ver a un presidente besando a otro en la boca pero quizás sí a un primer ministro besar a su pareja o a una presidenta besar a su esposa. ¿Ustedes qué creen? Pensar que Estados Unidos tendría un presidente negro era casi imposible  hace algunos años y ya ven,  las ideas pudieron más que los prejuicios.