Oficiales de policía detienen a un integrante de la marcha "Por la Paz", en Ciudad Ju¨¢rez, Chihuahua, al norte de M¨¦xico, el 1 de noviembre de 2011. Durante la marcha al menos 25 personas fueron detenidas acusadas de vandalismo, de acuerdo a la prensa local. Foto: Xinhua/Rubén García. Fuente: eluniversal.com.mx

Se requirieron 100 agentes de la Policía Municipal de Ciudad Juárez para detener a 25 personas, o mejor dicho, a 25 Indignados que ayer “perturbaron el orden social” (ese bonito concepto que parece estar tan de moda en nuestro país) tras intentar pegar 9 mil cruces de papel con los nombres de las víctimas que se ha cobrado la violencia en la “ciudad más peligrosa del mundo”, según un informe del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal.

Los Indignados de Ciudad Juárez llevaron a cabo el día de ayer la marcha “Luto no basta: jornada de coraje y resistencia”, surgida como respuesta al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, de Javier Sicilia. Según declaraciones recogidas por el periódico El Universal, los juarenses querían demostrar que siguen en pie, y probablemente, que están indignados. Muy indignados.

El resultado de la indignación de estos ciudadanos fue un operativo policíaco con claros tintes represivos y que culminó con la que, lamentablemente, es la principal característica de la ciudad chihuahuense: la violencia.

Tras ver las infames imágenes captadas por la prensa, es inevitable que me pregunte ¿En verdad, es posible ser un Indignado en México? ¿Tenemos motivos para adherirnos a un movimiento que tiene entre sus principales países a España, Egipto, Túnez, Líbano y, más recientemente, Estados Unidos? ¿Tenemos en México razones para tomar el nombre que surgió de un manifiesto plenamente europeo? ¿Estamos en posición de hablar de los Indignados Mexicanos?

A pesar de que un buen número de ciudades de nuestro país se han pronunciado a favor de los Indignados, pareciera que el cuerpo policial dirigido por Julián Leyzaola Pérez en Ciudad Juárez no está de acuerdo, no cree que en México podamos estar Indignados.

El término lo acuñó el franco alemán Stéphane Hessel, miembro de la Resistencia Francesa y del equipo redactor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948 (de hecho, el único sobreviviente de este grupo) que, a sus 93 años, llama a la insurrección pacífica ante la indignante situación del mundo actual a través de un breve ensayo titulado ¡Indiganos! (Indignez-vous!), que con sus apenas 60 páginas, ha llegado a todo el mundo y se ha convertido en un fenómeno mediático-editorial.

En su versión en español, el texto de Hessel está descrito como “un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica”. Durante el fin de la primavera, esa que los árabes habían hecho suya, los españoles decidieron hacer esa “insurrección pacífica”, primero, en la Puerta del Sol en Madrid y, posteriormente, en diversas ciudades del país. Estaban cansados, principalmente, del imperante desempleo que ha permeado a España durante los últimos años, pero también, de la llamada “democracia formal”, el orden económico actual y lo que ellos denominaron “el borreguismo”.

Curiosamente, meses después los estadounidenses ocuparían Wall Street de forma también pacífica hartos de situaciones similares. Resultaba interesante ver, pues, como culturas de alguna manera tan distintas parecían estar unidas por una misma indignación.

Y es que precisamente si algo tiene el texto de Hessel es que apela a la universalidad. Él mismo lo aclara: mientras los “compañeros estadounidenses” querían hacer una Declaración Internacional de los Derechos Humanos, los franceses concluyeron que era mejor hacerla universal.

La tesis del ¡Indignaos! se resume en un razonamiento muy sencillo: la situación actual del mundo es indignante y la indignación es el primer paso del compromiso, de la responsabilidad. Esta responsabilidad debe nacer de lo individual pero siempre enfocada al bienestar general.

Hessel identifica dos grandes desafíos: por un lado, la creciente diferencia entre ricos y pobres (“una innovación de los siglos XX y XXI”, en palabras del autor); y por el otro, “los derechos humanos y la situación del planeta”. En ambas situaciones, apunta Hessel, parece ser que se ha olvidado el bienestar general y que, hoy día, el poder no reside en el Estado, sino en las instituciones financieras.

Es justo aquí donde radica la cuestión delicada del problema: Hessel asegura que, de cierta manera, es mucho más fácil indignarse ante un suceso como la ocupación Nazi que ante el discreto entramado de injusticias creado por gobiernos e instituciones financieras; sin embargo, la diferencia de visibilidades no hace más indignante a una cosa que otra, por el contrario, el escritor que sabe que está en la última etapa de su vida y que se siente afortunado de poder comunicar su mensaje, le pide a las juventudes actuales no dejar que se pierda aquello por lo que tanto se luchó en 1948: el sentido de humanidad.

Hessel fue testigo de la capacidad deshumanizante de la guerra y, por ende, del hombre mismo. Habrá sido probablemente eso lo que lo orilló a ser testigo y parte de un documento hecho para recordarnos ese “bienestar general”, esa “dignidad”, que nos hacen humanos. Y así como en 1948 participó en ese recordatorio, en el 2011 que percibe una realidad cercana a esas condiciones, nos reitera que no podemos ser indiferentes ante la falta de humanidad del mundo.

Incluso, nos da las claves para identificar esas condiciones y nos da nuestras principales armas: el compromiso y la insurrección pacífica.

Una vez dicho lo anterior, vuelvo a formular las mismas preguntas: ¿Es posible ser un Indignado en México? Sí, si somos capaces de ver lo indignante en nuestro mundo y comprometernos, tenemos todo el derecho a estar indignados ¿Tenemos motivos para adherirnos a este movimiento? Por supuesto, muchos. Y es que la indignación va de lo global, a lo nacional, a lo estatal hasta llegar a lo personal, y en esa misma medida, debería ir el grado de compromiso. De hecho, a diferencia de lo que menciona Hessel, considero que en México son demasiado visibles las situaciones indignantes ¿Estamos en posición de hablar de los Indignados Mexicanos?

Creo que esta última pregunta no necesita respuesta ¿No los vieron? Ahí están, salieron a las calles ayer y se han expresado de mil y un formas distintas en lo que va del año y del sexenio.

No sólo es posible ser un Indignado en México, es necesario en un país cuya humanidad ha sido vejada con más de 50 mil víctimas de la violencia y con claras injusticias a las que simplemente no podemos permanecer indiferentes.

Es fundamental ser un Indignado en México, aunque la policía de Ciudad Juárez, las autoridades locales, federales o quien dirige este país, no quieran verlo.

Reportaje de http://www.diario.com.mx sobre la represión a los Indignados de Ciudad Juárez