Aún ciertos espectros caminan por la ciudad de México. La memoria persiste a través de la tradición oral, herencia del complejo sistema de memorización de textos que se enseñaba en las escuelas prehispánicas. A pesar del tiempo, ciertas leyendas se mantienen vivas.

“Poco a poco, al través de los tiempos la vieja tradición de La Llorona se ha ido… borrándose del recuerdo popular”, advertía en 1923 Luis González Obregón en su libro Las Calles de México. Contrario a lo que señalaba González Obregón, la figura de La Llorona no se ha perdido y ha seguido presente en el imaginario colectivo de México, inspirando productos culturales de muy diversa índole. Desde las películas La maldición de la Llorona (1963) y La Venganza de La Llorona, protagonizada por el Santo en 1974, hasta un sinnúmero de reinterpretaciones del son istmeño La Llorona. El origen de esta canción no está del todo claro, algunos especialistas la ubican en el México de 1900, mientras que otros apuntan hacia épocas más lejanas, incluso el Virreinato. Artistas como Chavela Vargas, Óscar Chávez, Lila Downs, Susana Harp, e incluso el español Raphael a finales de los años 60, han interpretado la pieza. Los Caifanes, en su disco El nervio del Volcán de 1994, incluyeron una pieza titulada La Llorona, que sin duda está inspirada y comparte rasgos con el son oaxaqueño. El grupo Café Tacuva, también en los años 90 del siglo pasado, compuso la canción María, que hace claras referencias a la leyenda.

La Llorona ha sido abordada desde muy diversas ópticas, algunos estudios de género la ven como un modelo cultural negativo, que representa la transgresión del papel tradicional de la mujer, y en el cual el castigo y el arrepentimiento juegan un papel importante. También a esta leyenda se le ha relacionado con la violación simbólica de la cultura prehispánica o se le ha caracterizado como la explicación simbólica de la derrota del mundo indígena.

Además, el personaje –junto con Juan Tenorio de Zorrilla y La Catrina de José Guadalupe Posada- se ha convertido en una especie de señal temporal para marcar la cercanía del Día de Muertos, otra tradición que ha perdurado fuertemente arraigada en las comunidades rurales y en las comunidades indígenas de nuestro país. En el ámbito urbano, a contracorriente de la influencia cultural estadounidense y su Halloween, el Día de Muertos ha logrado sobrevivir también; tal vez en esto sea un factor importante el carácter sincrético de esta festividad.

En la zona lacustre de Xochimilco, la versión local del mito de La Llorona -en una versión libre de Alejandro Cruickshank- se reactualiza cada año en el Islote Tlilac. Durante los últimos 18 años, la resistencia de los habitantes de la delegación a perder sus tradiciones ha hecho posible la puesta en escena, que este año dio inicio la semana pasada y se mantendrá hasta el mes de noviembre. A través de un espectáculo de luz, sonido y danza, el tiempo profano da paso al tiempo sagrado del que hablaba Mircea Eliade, filósofo e historiador de las religiones. Ese espacio en el cual lo sobrenatural tiene cabida en el mundo.

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