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El huevo de Twitter, imagen ideal por si se quiere pasar desapercibido y anónimo.

¿Alguna vez se le ha ocurrido leer los comentarios de éste o cualquier otro blog? ¿De las noticias en línea de cualquier periódico? ¿De algún video en la red? ¿De alguna imagen subida a alguna red social? ¿Ha entrado a algún foro en línea? ¿O simplemente cualquier timeline de Twitter?

Si lo ha hecho estará de acuerdo conmigo en que pocos sitios validan tanta opinión y exponen tantas pasiones como estos foros. Más aún si el tema en cuestión es controversial y seguramente más comentarios se leerán mientras más espinas tenga el tema.

Tanto Internet como las Redes Sociales abrieron una puerta que parecía estar prohibida: la de la información democrática. El que cualquier ser humano con acceso a la red y a determinados círculos virtuales pueda expresar su opinión, pues.

La apertura de esta puerta dio como resultado el nacimiento de una de las especies más interesantes que han surgido en el mundo virtual: los trolls, entidades virtuales dedicadas a provocar, intimidar, poner en evidencia, burlarse y en ocasiones ofender a otros usuarios.

Como con toda fauna, el troll juega un papel que, en este punto de la historia del Internet, podría considerarse fundamental para la disfuncionalidad natural del medio y su existencia puede ser considerada como algo divertido o lamentable, según sea el caso del troleado o del troleo en cuestión.

Y es que como con toda provocación o burla, ésta puede ir desde lo satírico o cómico hasta lo insultante y dañino.

Lo cierto es que si se es usuario de Internet y, más específicamente, de las redes sociales o espacios de interacción virtual/social, es casi seguro que alguna vez hemos sido troleados o, incluso, hemos hecho las veces de troll.

La existencia del troll en sí no debería ser tomada como algo perjudicial para el funcionamiento de la red, me atrevería incluso a decir que es una especie de mal necesario que permite el desfogue de muchas pulsiones virtuales y de una gran cantidad de emociones que, bajo otra circunstancia, tal vez no podrían ver un medio de salida. Que el troll puede llegar a funcionar como válvula de escape, pues.

Sin embargo, desde hace un tiempo hay un fenómeno que he observado y que no sé si considerar paranoia personal o un hecho lamentable. Por lo mismo, apelo a la ayuda del lector para resolver esta duda: ¿Existen los trolls oficiales?

Como mencioné previamente, mientras más espinas tenga el tema más comentarios a favor y en contra se leerán y, seguramente, más extremismo y pasiones intensas habrá en la redacción de estos ¿Recuerda las preguntas que le hice al principio? Pues bien, como infoadicto que me considero, yo sí soy del tipo de persona que lee los comentarios de éste y otros blogs, de las notas, videos e imágenes que consumo en la red, así como lo publicado en las redes sociales de las que participo. Y en todos estos sitios, he notado una creciente tendencia que no deja de llamar mi atención.

Hablo de troleos y comentarios insultantes que van más allá de la broma pesada o de la mofa, provenientes de entidades que parecen ser sólo virtuales. Usuarios inexistentes. Si es en los comentarios de un blog, por ejemplo, se descubrirán direcciones de correo electrónico y nombres inventados (y no hay que investigar muy profundamente para descubrir la falsedad de estas identidades); perfiles de Facebook sin imágenes o con alguna sacada de la red; cuentas de Twitter que ostentan el huevo que la página ofrece cuando no se ha puesto una foto de perfil y que tienen muy pocos seguidores, por no decir ninguno.

Pero de este tipo de perfiles, es posible encontrar opiniones recalcitrantes, no sólo que contraríen al comentario de algún autor, sino que parecen defender, casi hasta la muerte, una ideología o modelo. Hay, también, una sensación de incondicionalidad muy particular en este tipo de troleos, una incondicionalidad que un auténtico troll, desapegado y con meras ganas de molestar, no parece tener.

Y este tipo de usuarios pareciera sólo encontrarse en foros donde se ventilan opiniones en torno a temas muy específicos, siendo más claro, temas políticos o que involucren algún interés de poder.

Es por ello que de nuevo formulo la pregunta ¿Será que existan trolls oficiales?

“Si no puedes contra ellos, úneteles”, pareciera ser la filosofía de medios e instituciones donde el poder corre de forma vertical a la hora de enfrentarse a un medio que ondula con la horizontalidad de una forma que lo vuelve resbaloso, imposible de contener o atrapar ¿Qué ocurre cuando un organismo de poder se topa con una estructura mucho más compleja que no puede controlar? ¿Un espacio donde cualquiera puede ser alguien y tener voz?

Internet posee una cualidad única: a diferencia de otros medios que el poder solía adaptar a sus condiciones, la red ha conseguido que sean las instituciones las que se tengan que adaptar a él y sus estructuras. De esta manera, el mundo primero tuvo que adaptarse a la inmediatez, la ubicuidad y, sobre todo, a la democratización de la información.

Cualquier usuario que sepa cómo mover los hilos puede convertirse en una figura de poder en la red. Ahí están desde las celebridades de Youtube hasta los bloggers que mueven masas. Y por mucho que una estructura o institución intente acallar a alguna de estas entidades, parece simplemente imposible. Tomemos como ejemplo a la Blogger cubana Yoani Sánchez, que el gobierno no ha conseguido detener o el macro destape que Wikileaks se ha dedicado hacer.

Antes estas situaciones, estas nuevas insurgencias, pareciera ser que los organismos de poder y control han tenido que apropiarse del principio darwiniano de adaptarse o morir. Y si no morir, al menos no dejarse.

Y es que al ser la información el bien más preciado hay un enorme peligro en el hecho de que cualquiera pueda acceder a esta información y que cualquiera pueda externar su opinión.

Los gobiernos ya han demostrado que hay una fuerza en los usuarios de Internet que les pesa. Ahí está el Presidente Felipe Calderón disculpándose por haberse echado un “chascarrillo” que terminó por ofender a los grupos de diversidad sexual o la Ley Duarte y sus posibles réplicas en distintos Estados de la República.

Ante ejemplos como éstos, sería muy ingenuo pensar que el gobierno no tome acciones respecto a lo que ocurre en la red, ese espacio espinoso donde se ventilan y se dicen las cosas que en otros medios no es posible externar. Y si en otras épocas -¿o tal vez éstas?-el gobierno ha sido capaz de pagar grupos paramilitares o externos para acallar a muchos ¿Por qué no hacerlo ahora? ¿Y por qué no hacerlo en un medio más discreto y que brinda las ventajas del anonimato como el Internet?

¿Será capaz el gobierno de pagarle a usuarios para internarse en las entrañas de la red y defender los ideales del gobierno de la misma manera en la que el presidente lo hace? Es un hecho que existen ciudadanos que están de acuerdo con la estrategia del presidente Felipe Calderón, con el «blindaje a la familia» de Jalisco, con que el Estado decida sobre el cuerpo de las mujeres y no ellas mismas o con que encarcelen tuiteros y no criminales. Es también un hecho que muchos de estos ciudadanos defienden su perspectiva en la red y en espacios informativos donde se hable de estos temas. Pero incluso en este tipo de debates, es posible diferenciar entre la opinión personal y el comentario de panfleto, de defensa oficial.

¿O es que acaso hay ciudadanos con tanta fidelidad a las instituciones? Esto es perfectamente factible, pero incluso el usuario que es fiel a sus propias opiniones suele dar la cara y no esconderse tras el anonimato virtual. Y aunque no usara su identidad verdadera, el troll auténtico pareciera elaborar un poco más su persona virtual. Son más bien esos perfiles casi anónimos los que llaman mi atención.

Defender intensamente, pero sin dar la cara, prácticamente, sin existir. Una voz ácida y violenta que no tiene cara.

Pero claro, esto es sólo un espacio más de opinión (junto con los millones que hay en la red) y ésta es tan sólo una idea mía. Mi pregunta más bien sería: ¿Es acaso sólo una idea o hay ahí afuera muchos que se han hecho esa misma pregunta?

¿Alguno de ustedes, estimados lectores, ha sido víctima de lo que podría considerarse un troleo oficial? ¿Alguien ha visto a uno de estos entes virtuales y anónimos atacar algún comentario espinoso? O tal vez, ¿Es usted que está leyendo esto, un troll oficial?