El videoclub en línea que consiguió desplazar del mercado estadounidense a Blockbuster, Netflix, llega a América Latina. La semana pasada el portal abrió su sitio para Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia y se espera que llegue a México antes del 12 de septiembre.

Por $99 pesos, el usuario podrá rentar películas, series televisivas y videojuegos en línea y verlos, ya sea en su computadora o si tiene el sistema adecuado adaptarlo a su televisión.

Fundada en 1997 en California por Marc Randolph y Reed Hastings, la compañía se distinguió de otros videoclubes por ser de los primeros en ofrecer servicio en línea y por dar membresías y rentas ilimitadas sin fechas de entrega o cargos por retraso.  Además del sistema online, Netflix ofrece en Estados Unidos rentas a domicilio (el usuario ordena una serie de películas que le son enviadas por correo), así como programación original.

El sitio se sirve de un sistema de recomendación/crítica que «reconoce» los gustos del usuario a la vez que le permite introducir en el sistema su opinión. Con esta base, Netflix busca crear un sistema comunitario de foro o similar a al de red social.

A partir de 2006 la compañía entró al mercado de la distribución y producción de cine independiente, alejándose de ésta última en 2008 al considerar demasiado alta la competencia.

El crecimiento repentino pero esperado de la compañía llevó a competidores poderosos, como Blockbuster, a la bancarrota en 2010.

Actualmente, la compañía cuenta con 23.6 millones de suscriptores y sus planes de expansión apuntan hacia América Latina y Europa.

Sin embargo, el empoderamiento de Netflix no ha sido del agrado de muchos. En abril de este año, 23 directores y productores publicaron una carta abierta dirigida a la compañía que criticaba su sistema de Video en Demanda de Lujo, que implicaba la aparición de un filme en Netflix tan sólo un mes después de su estreno en cines. En la misiva, realizadores como Guillermo del Toro, James Cameron y Kathryn Bigelow, entre otros, criticaban tanto el precio como el tiempo de publicación de las películas propuestos por la compañía.

La mayor crítica residía en que el precio que establecía Netflix afectaba a la ya de por sí dañada industria cinematográfica y que el poner los filmes en línea tan sólo un mes después de su lanzamiento en cines dañaba a lo que ellos mismos denominaron como «la experiencia cinematográfica», alentando a las audiencias a no ir a las salas de cine sino a ver la película en casa. Esto, argumentaban los cineastas, contribuía también a la piratería, el mayor cáncer de esta industria y, posiblemente, la mayor competencia de esta compañía.