Foto: Reuters. Fuente: cnn.com

Una vez más, Fernando Larrazabal vuelve a burlarse y llevar al baile a la dirigencia estatal del PAN y al líder nacional de su partido, Gustavo Madero. No es la primera vez que el alcalde de Monterrey –la tercera ciudad más importante del país- demuestra su astucia para darle la vuelta a la legalidad, lavarse las manos de su responsabilidad en los indicios de corrupción que rodean a su figura.

Sobreviviente de varios escándalos, ex operador del PRI en su juventud, Larrazabal llevó el talento del enredo a su trayectoria como panista para marear a sus impugnadores y convertir la tragedia del Casino Royale en una oportunidad para presumir sus mañas, como el acarreo de seguidores que participaron en una “consulta” de menos de 600 personas que votaron para que se quede al frente de la alcaldía.

Larrazabal es una ruta de impunidad. Como ex alcalde de San Nicolás, dejó una estela de irregularidades. En 2003, la Contaduría Mayor de Hacienda del Congreso de Nuevo León detectó irregularidades por 4.5 millones de pesos en la cuenta pública del municipio, pagados con facturas presuntamente falsas a dos constructoras, proveedores y hasta a un funcionario municipal.

Nada le hicieron al ex alcalde. Al contrario, el gobierno de Vicente Fox lo “premió” al nombrarlo director del Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas (CAPFCE), principal organismo responsable de las fallas en la construcción de la Megabiblioteca José Vasconcelos, cuyo costo se elevó de un presupuesto original de 900 millones de pesos hasta los 2,500 millones de pesos.

Tampoco este megaescándalo afectó a Larrazábal. Como quien cambia de cachucha, Larrazábal dejó de ser el “amigo” de Manuel Bibriesca Sahagún, el hijo incómodo de Marta Sahagún involucrado en varios expedientes de corrupción y tráfico de influencias, para convertirse en 2006 en el principal operador de la campaña de Felipe Calderón en Nuevo León. Justo lo mismo que hizo ahora con Ernesto Cordero, el delfín, de Calderón para la nominación presidencial del PAN.

Corruptelas.

Antes de que fuera responsabilizado de las licitaciones principales para la construcción de la Megabiblioteca –actual elefante blanco del despilfarro foxista- Larrazábal ya había sido señalado en 2001 (cuando era alcalde de San Nicolás) por el propio CAPFCE.

CAPFCE detectó que una empresa constructora de la cual Larrazábal era accionista fue denunciada por recibir pagos excesivos a su favor. La empresa se llamó Constructora Labre S.A. de C.V.

A pesar de eso, con el apoyo de Marta Sahagún, Larrazabal fue nombrado director de CAPFCE. En 2004, la Auditoría Superior de la Federación detectó que el actual alcalde de Monterrey adquirió para sí mismo, para su subdirector administrativo y para nueve gerentes, un total de 11 vehículos marca Renault Clío modelo de ese año, con un costo total de 1 millón 238 mil pesos.

Nadie sabe a dónde fueron a parar estos 11 vehículos. Larrazabal nunca devolvió el automóvil que se autoasignó para “promover” la construcción de “la biblioteca pública más grande de América Latina.

La compra de estos 11 vehículos tan sólo fue la punta del iceberg de las corruptelas que protagonizó Larrazábal en CAPFCE. En 2005, la misma Auditoría Superior de la Federación realizó 20 observaciones sobre irregularidades en la construcción de la Megabliblioteca.

Entre esas estaban las siguientes: que el sistema de impermeabilización de las azoteas de los cuatro edificios estaban dañados; que la estructura de los libreros de más de siete toneladas representan un riesgo en caso de sismo; que la acumulación de agua originó grietas en los muros; que se violaron, por lo menos, cuatro artículos del reglamento de construcción del Distrito Federal y que existió “falta de supervisión, vigilancia, control y revisión” de los trabajos, por parte de CAPFCE.

Astuto, Larrazábal se lavó las manos de su responsabilidad.  Indicó que las irregularidades le correspondía solventarlas a su subdirector administrativo, Osvaldo Cervantes, el mismo funcionario que fue su secretario privado cuando fue alcalde de San Nicolás, según documentamos en la edición 1,539 de la revista Proceso.

El PAN, Corresponsable

Tampoco es la primera vez que Larrazábal se burla del PAN. El 11 de mayo de 2005, Rebeca Clouthier, entonces dirigente estatal panista en Nuevo León, amonestó a Larrazabal por haber contratado a consejeros de Acción Nacional en la dirección de CAPFCE, violando así el Código de Etica del partido.

Sin embargo, tres meses después, en agosto de 2005, el CEN del PAN exoneró al ex alcalde nicolaíta y principal responsable del manejo de recursos de la Megabiblioteca.

¿Cuál ha sido su secreto? Su infinita capacidad para cambiar de “lealtades” en función de los intereses presidenciales. Primero fue cercano al panismo neoleonés, después se vinculó a Marta Sahagún y fue amigo personal del alcalde panista de Reynosa Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, según lo denunció la ex diputada del PAN en Nuevo León, Tatiana Clouthier, hermana de Rebeca e hija del Maquío.

En pleno escándalo de la Megabliblioteca, Larrazábal se sumó a la campaña de Felipe Calderón Hinojosa para la presidencia en 2006. En el mitin del 24 de marzo de ese año, en la plaza principal de San Nicolás, Larrazábal posó junto a Calderón y éste lo presentó como un “orgullo” del panismo nicoalíta.

También se dejó fotografiar Larrazábal junto con Ernesto Cordero y otros personajes involucrados en las redes de corrupción entre permisionarios de centros y salas de juego de Nuevo León y el entonces secretario de Hacienda, tal como publicó en su portada la revista Proceso.

Ahora, la ruta de impunidad de Larrazábal fue abierta ante la incapacidad del PAN y del gobierno federal de sancionarlo.