Tomo 39 de los Cuadernos de EL FINANCIERO

Lunes 19 de septiembre 2011

Viridiana Villegas Hernández

Homozapping es el nuevo libro de la colección de los Cuadernos de EL FINANCIERO. Más allá del juego de palabras que es el título, Jenaro Villamil —su autor— define así al homo sapiens de nuestros días: aquel en constante búsqueda de contenidos en medios electrónicos e impresos con el fin de contrastarlos y dejar de asimilarlos de manera pasiva.

Las sociedades de hoy no sólo están mediatizadas por la prensa, la radio y la televisión, sino también por las redes sociales, los blogs y demás contenidos en la red. ¿Cómo llegamos a este punto? El periodista Jenaro Villamil, autor del libro Homozapping, explica que «si bien este nuevo milenio se ha caracterizado por ser convergente gracias a las plataformas que propone, ello no significa que hoy en día la supremacía de la Internet, el video y la telefonía desplacen por completo a los demás medios, como se ha pensado de los periódicos tras diversos decretos de muerte, pues la prensa tiene más de 200 años de existencia y seguirá adelante porque se está reinventando a través de sus ediciones online, de la utilización de los blogs y en menor medida de las redes sociales; de alguna manera Twitter ha significado el retorno del telégrafo adaptándolo a la simultaneidad y masividad de los 140 carateres».

En 1969 ocurrió un hecho sin precedentes en la historia del hombre: la misión espacial Apolo XI comandada por Neil Armstrong llegaba a la Luna y con ello se concretaba el primer gran media event transmitido por televisión.

—¿Los media events han cambiado la sensibilidad del espectador?

—Sí, han alterado su percepción de la realidad. Hace poco fuimos intoxicados por el décimo aniversario del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York, un acto terrorista pensado y diseñado, de manera macabra, para ser televisado y difundido a través de los medios masivos con el propósito de exhibir la vulnerabilidad del sistema de inteligencia norteamericano; a diez años de distancia dicen que el mundo cambió, lo cual es una mentira: sigue imperando la desigualdad, la inequidad en el ingreso, la ideología imperial, las invasiones estadounidenses en Medio Oriente, así como el fundamentalismo religioso. En México un media event ha sido el caso Peña Nieto: la gente está convencida de que él es el próximo presidente del país porque ya ganó la pantalla televisiva; es decir, los más recientes media events ya admiten la intromisión en la vida política y geopolítica porque tratan de determinar la visión del mundo, atrás quedaron acontecimientos como el alunizaje o los grandes conciertos de rock. El pronóstico de Andy Warhol y los 15 minutos de fama ha sido rebasado por la búsqueda de los 15 capítulos de una teleserie al estilo de García Luna y nuestro presidente.

—¿Qué debemos entender por «fetiche del rating»?

—El endiosamiento de la industria televisiva por el índice de porcentajes de audiencias, como si se tratara del único criterio para determinar los contenidos de los canales, tanto abiertos como restringidos. Lo único que ha ocasionado este fetiche es generalizar la vulgaridad, pues está confirmado que el rating es un enemigo perfecto de la creatividad, la calidad y la capacidad de respuesta e interacción de las audiencias. La solución a este fenómeno es la especialización de los medios, sólo así las audiencias dejaremos de ser cifras vacías.

—¿El homozapping es sinónimo de retroceso o evolución?

—Es una transformación en la recepción de los mensajes. La idea central es la incesante búsqueda y contraste de contenidos, de tal manera que, si los dueños o directivos de los medios aún creen que la audiencia entera asimilará tal cual la información que le ofrece, están equivocados porque no todos los homo sapiens son pasivos. El homozapping significa una audiencia interactiva, que compara y autogenera contenidos en busca de nuevos lenguajes y consumidora de todo tipo de producciones mediáticas a través de la televisión, la computadora y el teléfono.

—¿Busca ser atrapado?

—Más bien busca atrapar las diversas opciones de contenido. El cometido de los medios es capturar la atención del homozapping y, cuando lo logran, intentan atraparlo hablándole una y otra vez sobre un tema efímero, generador de morbo y espectacularidad tanto en la Internet como en la radio y la televisión; por ejemplo, un caso tan insustancial como fue el de las ladies de Polanco de inmediato se transformó en un media event.

—Al respecto, ¿cómo ha cambiado la sociedad del espectáculo propuesta por Guy Debord?

—Aquella que él teorizó durante la década de 1960 hablaba de espectadores que miraban y actuaban en función del espectáculo que se les presentaba; la sociedad de hoy en día ya no sólo desea ser observadora, sino partícipe y hasta protagonista de sus minirrepresentaciones: cualquier página de Facebook es la producción del espectáculo exhibicionista de quien pretende ser, por lo menos, link [liga] por un día.

—En El sexenio de Televisa escribió sobre la advertainment [información fusionada con publicidad y entretenimiento]. ¿Por qué retomar el tema en Homozapping?

—Porque la contraparte del homozapping es la hipercomercialización. Es un fenómeno que se está agudizando porque es la solución nerviosa y anticuada de las empresas mediáticas para vender a toda costa, lo cual ha significado la baja calidad y la degradación de los contenidos.

—También en este nuevo libro reflexiona sobre los derechos de las audiencias.

—Sí, el público, en muchas ocasiones, olvida o ignora que al hacer valer sus respectivos derechos a la información, a la privacidad, a la educación y a la salud puede evitar la hipercomercialización y la homogenización de los contenidos que consume.

Homozapping, de Jenaro Villamil, puede ser adquirido llamando, si el lector vive en la Ciudad de México, al teléfono 5227-7651 y al 01800-0156200 y 01800-2015788 si radica en el interior de la República, por un costo de 50 pesos.

Reproductores del modelo fetichista

En el libro Homozapping —número 39 de la colección Los Cuadernos de EL FINANCIERO, que a partir de hoy el lector puede tener en sus manos si lo pide mediante un llamado telefónico a este diario—, el periodista Jenaro Villamil pone los puntos sobre las íes en temas como la dictadura del rating, misma que ha derivado en la lamentable autocensura y la vulgarización de la información.

—¿La prensa le ha hecho el juego al esquema mediático que hoy predomina en México?

—Así es. Bajo el mito de querer arañar parte de esos millones de teleaudiencia, muchos periódicos incorporan en sus primeras planas, en sus secciones de cultura, deportes o de espectáculos aquellos temas que la televisión maneja y voluntaria o involuntariamente se han convertido en reproductores del modelo fetichista del rating. El problema de la prensa no está relacionado con que a la gente ya no le guste leer en papel, sino con su pérdida de identidad a consecuencia de su docilidad y/o su esclavismo voluntario frente a la agenda televisiva.

—Si bien hoy la neotelevisión ha dominado la escena política con su mercadotecnia y falsos montajes, ¿cuál podría ser su siguiente paso en las próximas elecciones presidenciales?

—Ya lo tiene: nos quiere convencer de que el voto no es un derecho, sino la culminación de un resultado que ellos anticipan como inevitable porque un candidato es popular, paga millonadas de pesos a las televisoras para que lo promuevan o porque su pareja es una actriz de telenovelas, como Angélica Rivera. El papel más grave que puede tener la televisión en los procesos de elección política es la desmovilización de los ciudadanos; y, por ahora, la televisión lo que está tratando de hacer es evitar el fenómeno egipcio: que el homozapping cobre vida y haga caer tanto regímenes como grandes emporios mediáticos; eso es lo que en realidad temen y por ello se han propuesto estigmatizar las redes sociales, las cuales no son ninguna panacea, sino la expresión de una sociedad libre de elegir a sus interlocutores.

—¿La neotelevisión está logrando confundir al espectador?

—Sí; por ejemplo: Televisa es la parte más de derecha y reaccionaria dentro de nuestro sistema político; es la voz de una ideología dominante que busca la sumisión del espectador, la falta de crítica en los contenidos; asimismo, la explotación de las creencias y las tradiciones para desmovilizar y evadir a las personas de la realidad. Televisa actúa siempre bajo la doble moral y a eso yo le llamo hipocresía.

—¿Lo hace enojar Televisa?

—No me deja de sorprender que esta empresa sea tan vulgar y obvia en la manera que ve a la mayoría de los ciudadanos. Televisa no me enoja, me subvierte: me da los suficientes elementos para seguir escribiendo y documentando sus abusos, lo cual se me ha vuelto una especie de batalla o compromiso profesional. Como periodista, pienso que darse la vuelta y decir «mejor no vean la tele», no es la solución; es preciso verla, zappearla y contrastarla, analizarla en sus contradicciones y en sus intereses, pues estoy convencido que sólo de esta manera es posible liberarse de su dominio e influencia y ubicarla como lo que es: un medio temeroso a ser desplazado por el futuro que ya llegó y no sabe cómo controlar. La sociedad ha cambiado de forma paulatina (aunque tal vez no en las dimensiones que uno quisiera), al grado de que hoy los homozappings no determinan su vida en función de la telebasura, son críticos convencidos y buscadores de información a los que ya no se les puede negar el acceso a medios alternativos para expresar su malestar ciudadano.