Escena del filme "25th Hour" de Spike Lee, con uno de los diálogos más ingeniosos en torno al Nueva York post 11 de septiembre.

Consulta la primera y segunda parte.

Películas clásicas de los años setenta, como Superman (1978) o King Kong (1976), o bellas metáforas citadinas como Manhattan, de Woody Allen, no se podrían explicar sin las escenas en el World Trade Center, símbolo del poder y la opulencia de la Gran Manzana neoyorquina que ya no existen más.

Tras los atentados del 11 de septiembre, la industria fílmica norteamericana se enfrentó a la necesidad de censurar o modificar escenas donde aparecían las dos grandes torres para no ofender el “luto nacional” decretado por George W. Bush o simplemente para actualizar la escenografía neoyorquina.

Eso sucedió, especialmente, con Spiderman de Sam Raimi y con Inteligencia Artificial, de Steven Spielberg, una cinta futurista que tenía como eje precisamente a estos edificios emblemáticos.

Los primeros meses después de los atentados, Hollywood no supo qué hacer con sus propios símbolos de poder siniestrados y la no muy documentada censura estadounidense presionó a algunos directores y productores para que no volvieran a hacer referencia a esa “herida abierta”.

Comedias ligeras como Glitter, el Brillo de una Estrella, se estrenó diez días después del ataque. A pesar de la nada afortunada actuación de Mariah Carey, la película quedó como el registro más cercano de la existencia de las torres gemelas.

El 28 de septiembre de 2001 se estrenó Zoolander, dirigida y protagonizada por Ben Stiller. En esa película ya se puede observar la inducción nacionalista que operó el gobierno de George W. Bush a través de Hollywood. Años después se producirían varias cintas con superhéroes extraídos del cómic que defienden la “integridad” norteamericana en su lucha contra los malos: Spider Man, Capitán América, entre otras, convierten a los personajes de Marvel en custodios de la grandeza estadounidense.

Siempre oportunista, Arnold Schwarzenegger pospuso un año el estreno de Daño Colateral. La película habla de una conjura terrorista para destruir varios edificios norteamericanos. La cinta resultó ser un producto típico del fisicoculturista devenido en actor y gobernador republicano: espectacular, ruidosa y superficial.

Las presiones para ensalzar el nacionalismo norteamericano se convirtieron en una pesadilla para varios directores. Sin embargo, Spike Lee, en 25th Hour, tuvo la inteligencia para abordar la tragedia sin caer en el maniqueísmo de la Casa Blanca. En una escena de esta película, el personaje encarnado por Phillip Seymour Hoffman le pregunta a Barry Pepper si pensaba mudarse de Nueva York:

Aunque bin Laden venga a vivir al lado, yo no me voy –le responde.

Un tronador aplauso del público, tras esta frase, marcó la actitud genuina de resistencia y dignidad más allá de cualquier demagogia.

En 2006, Oliver Stone estrenó la fallida cinta Las Torres Gemelas, protagonizada por Nicolas Cage y Michael Peña, para recrear el heroísmo de policías y bomberos que participaron en el rescate de las víctimas. Stone sacrificó cualquier crítica o abordaje político en esta cinta que ha revivido en los últimos días.