Esta semana en Madrid, España, se realizan las Jornadas de la Juventudes Católicas. La gente sale a protestar a las calles por el dinero público involucrado en dicho evento. El papa Benedicto XVI, el obispo Ratzinger, ha viajado hasta la Península Ibérica para asistir a la reunión de jóvenes  mientras en la calle sus detractores y sus simpatizantes se enfrentan. La última protesta en contra de esta visita tuvo un saldo de 8 detenidos. Un joven mexicano radicado en España fue encarcelado hace un par de días por amenazar, con furiosa homofobia e intolerancia, con  “matar maricones y cualquier aberración antihumana durante sus manifestaciones en contra de la iglesia católica”. En México vemos a través de los medios todos los detalles de esta jornada, mientras por nuestra parte recibimos la “visita” de las reliquias de Juan Pablo II y los medios se vuelcan “piadosamente”, llenos de emoción, ante una ampolleta que contiene la sangre de Karol Wojtyla, como si sangre no fuera lo que en este país nos sobra.

Hace 75 años, también en España, estallaba una guerra civil por cuestiones políticas, pero con incuestionables elementos religiosos. Hace 75 años, el 18 de agosto, caía fusilado en las estibaciones de la sierra de Alfaguara, Granada, uno de los más grandes poetas y dramaturgos que ha dado España al mundo: Federico García Lorca era asesinado por las balas de los conservadores. Su delito imperdonable: ser funcionario de la República Española y ser homosexual. García Lorca rechazó el exilio y días antes de ver su vida cegada por el odio se dijo sentir “católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico”, es decir, partidario de una España unida pero diversa. García Lorca que escribió que “España entierra y pisa su corazón antiguo, su herido corazón de península andante, y hay que salvarla pronto, con manos y con dientes”, fue una de las primeras víctimas de la sangrienta guerra intestina que viviría España durante tres años.

Tres cuartos de siglo después quedan ecos de una España que aún duele. Su ausencia todavía causa en el corazón un leve temblor de estrellas. Simplemente, como el poeta mexicano Efraín Huerta escribió ante la muerte del poeta andaluz, en su poema Presencia de Federico García Lorca, muchos seguimos viéndolo a través de su obra “navegar gritando al mundo / la verdad de los crímenes de aquellos / que quisieran hacer trizas la estrella / que tuviste en la frente con tu Muerte: / … / estrella del presente y del futuro…”.