Víctor Pérez /corresponsal en Madrid

 

A lo lejos, enfocando bien, se puede divisar unos rascacielos, las zonas ajardinadas de las casas de los alrededores y la iluminación de las vías, la cual permite vislumbrar con claridad el cuidado trazado de las calles. Cuando descansa el ojo, el escenario se pierde, dando paso a un centelleo incesante y caótico de luces sonámbulas.

-¿Qué te parece que allá, señalando con la mano la zona de los rascacielos, las calles tengan alumbrado, las casa sean grandes, tengan árboles, jardines con albercas, pero tú no tengas nada?

-No, pos, bien bonito, se ve relindo, seño.

 

Imagen de las pancartas en La Puerta del Sol. Foto: Paul Hanna/Reuters. Imagen: http://www.guardian.co.uk/

Para muchas personas seguramente la respuesta a la pregunta tenía que haber sido otra. ¿Pero por qué tenía que haber sido otra? ¿Acaso no es ésta la respuesta correcta?

El 15 de Mayo la juventud española comenzó un movimiento político que todavía está en desarrollo, para pedir un cambio social y político a sus dirigentes. Inspirados en el ensayo de Stéphane Hessel, “¡Indignaos!” y en una compilación de artículos de varios autores, “Reacciona”, los jóvenes españoles se echaron a la calle para reclamar sus derechos. ¿Es posible una reacción semejante por parte de los jóvenes en nuestro país? Ni están invitados ni se les espera.

El autor de !Indignez Vous!* nos confiesa que, con la convicción y serenidad que da el haber vivido plenamente una larga vida, su indignación contra las atrocidades de los Nazis en la Segunda Guerra Mundial provocó su alistamiento en la Resistencia Francesa. De su indignación y la de muchas personas de bien, nació el compromiso con la resistencia. Sin adentrarnos con detalle en el texto, detengámonos en la parte más interesante del mismo: la definición de indignación nos revela que ésta surge contra una persona o sus actos. La indignación no surge, por tanto, de una realidad abstracta o contra el azar, la maldición divina o fuerzas desconocidas. En este sentido la indignación recobra la centralidad del ser humano como sujeto histórico en el devenir de la historia.

Por esta misma razón, nos dice Hessel, al joven de nuestra época  le resulta complicado indignarse y resistir. Es más fácil indignarse y resistirse contra una invasión militar y sus atrocidades que hacerlo contra una dinámica social que permite la especulación financiera y su dictadura sobre la economía real de las poblaciones. Una pregunta que cabría realizar aquí, es por qué el joven europeo es capaz de indignarse con su realidad y el joven mexicano se muestra resignado con la suya. ¿O más que resignación es una indignación pasiva?

Tiempo atrás varios intelectuales advirtieron con rotunda crudeza que el  tejido social de la nación mexicana se estaba haciendo añicos, que se rompería y sería muy complicado volver a recomponerla. No estaban equivocados, pero nadie los escuchó. La nación mexicana sufre la peor crisis de su historia. La desigualdad económica entre los mexicanos es brutal e insultante. El desprecio por la vida humana ha llegado a tales niveles que la posibilidad misma de la vida está en peligro. El expolio de los recursos que pertenecen a todos los mexicanos no tiene paragón en nuestra historia. Pareciera que hay razones muy evidentes para indignarse, y sin embargo lo que vemos es resignación. ¿Por qué?

Stéphane Hessel apunta que la indignación conlleva un compromiso, un sacrificio personal por convertir la rabia, la ira, en resistencia contra las personas y sus actos. Lo que ocurre en nuestro país -la injusticia, la desigualdad económica, la inseguridad, la marginalización- tiene nombres y apellidos.

La crisis que vive la nación mexicana es consecuencia de las políticas equivocadas y mal intencionadas de las personas que se han hecho con las riendas del poder a base de corruptelas, chantajes y compra de voluntades. La indignación no puede dirigirse contra las personas que viviendo en la marginalización, vean belleza en la brutal cara de su opresor. La indignación de la juventud mexicana no puede convertirse en resignación o derrotismo, la indignación no puede ser latente, tiene que dar lugar a un compromiso absoluto de resistencia. Tiene que dar lugar al convencimiento firme de que cada individuo forma parte de un todo, que aún siendo parte de la masa, cada individuo es sujeto de derecho, con poder y voluntad para cambiar la historia.

La resistencia conlleva acción contra todo aquello que menosprecia la dignidad del ser humano, quien a la vez, es la medida de todo y la vida lo más preciado da cada individuo. Sentir rabia es sano y hasta necesario. Basta es basta de tanta reverencia a los poderosos y a los que se esconden detrás de las instituciones y el ritual del poder. El joven mexicano debe cumplir con su deber y provocar un giro brutal a la historia del país. Es la única opción que le queda a México.

«¡Indignaos!» le dice Hesel a los jóvenes de su entorno cultural. ¡Mexicanos, indignémonos! Hemos perdido los logros de  la Revolución Mexicana, nuestros padres no han sabido o no han podido conservarlos. Queda en manos de la juventud mexicana  el  reconquistarlos, denunciar y exponer a los culpables de las condiciones infrahumanas en las que viven gran parte de los ciudadanos mexicanos. Hay culpables, tienen nombres y viven en la abundancia más grosera. ¡Indignémonos! Ordenemos el modelo económico, pausemos nuestro crecimiento económico y hagámoslo depender de los derechos y deberes ciudadanos. ¡Indignémonos! para cambiar la respuesta del esclavo que ama a su amo.

*”!Indignez Vous!” Stéphane Hessel. Por respeto a los derechos de autor no podemos incluir los enlaces al texto en línea de este texto que se encuentran en internet.