Alejandro Saldívar

 

Imagen: watchlistblog.com

MÉXICO, D.F., 14 de mayo (Proceso).- En política la seriedad no reditúa. El cantante Michel Martelly, quien asumió la presidencia de Haití este sábado 14, no ganó las elecciones por ser serio. Su rostro ya aparecía en anuncios de cigarros desplegados en el aeropuerto de Puerto Príncipe mucho antes de los comicios que se realizaron el 28 de noviembre de 2010 (primera vuelta) y el 20 de marzo de este año (segunda vuelta).

En el sitio web de su campaña Martelly se anunció como “un símbolo de la renovación de la industria de la música haitiana” y como “puente entre el pasado destructivo y las aspiraciones de la nueva generación que quiere convertirse en uno de los países más prósperos del Caribe”.

Martelly –el popular cantante del ritmo kompa y cuyo nombre artístico es Sweet Mickey– sólo terminó el bachillerato. “Como un artista natural, un piano y un micrófono fueron las únicas herramientas necesarias para llegar a ser conocido. Dejó la escuela en Haití y viajó a Estados Unidos, donde trabajó en la construcción”, dice su biografía en el sitio www.martelly2010.com.

Su paso por el mundo de la música lo confirma como un irreverente de tiempo completo. En la página electrónica de su ONG Rosa y Blanco se afirma: “Lo único que se puede predecir sobre Sweet Micky es que es completamente impredecible”.

En un texto publicado el 14 de octubre de 2010 en el diario canadiense La Presse, la periodista Nathalie Petrowski describió a Martelly como “un hombre delgado y de 1.80 metros; con las manos tan suaves como las patas de un gato, adornadas con un reloj de oro; de voz suave y cremosa.

“Hijo de un empleado de una compañía de petróleo se acercó a la delincuencia antes de encontrar su camino en la música y convertirse en rico y adorado. Hoy se declara cercano a la gente, incluso si son ricos. De hecho tiene una casa en Florida y ya no se preocupa por el dinero”, indicó Petrowski.

“En mi juventud yo era una especie de chico malo”, dijo el propio Martelly el pasado 5 de abril durante un acto en el que celebró su victoria electoral. Vestía zapatos negros, corbata rosa y traje negro, atuendo inapropiado para el clima tropical de Haití.

Más que un político, Tet Kalé –como lo llaman los haitianos– tiene la apariencia de un gángster al estilo Hollywood. En su video musical Bandido legal aparece rodeado de tres guardaespaldas negros. Porta lentes de pasta, corbata roja y un traje impoluto y lee el Haiti Observateur, uno de los diarios que le fue incondicional durante su campaña. Está en el asiento trasero de un Rolls Royce en cuyas placas aparece la palabra “Mafia”.

En otra escena se reúne con un detective. Martelly sostiene un puro. Hilachas de humo blanco bailan a su alrededor. En torno a él los guardaespaldas contonean sus cuerpos con la corbata desanudada y una copa en la mano.

Luego aparece en una fiesta. Un par de policías lo detienen. En el cuarto de interrogatorios mira la hora en su reloj de oro. Entre el índice y el dedo medio sostiene un puro. Lo enciende. Uno de los detectives sale del cuarto y encuentra a un hombre que le ofrece un fajo de dólares. Éste acepta a cambio de la “evidencia”: un sobre amarillo con fotografías. Martelly es puesto en libertad y concluye con la frase: “A seguir”.

 

“Chico malo”

 

El periodista Scott Wilson publicó el 13 de febrero de 2002 en el diario The Washington Post que Martelly fue durante mucho tiempo “uno de los matones favoritos que han trabajado en nombre de la odiada dictadura de la familia Duvalier, antes de su colapso en 1986”.

El presidente electo de Haití declaró al diario canadiense La Presse que en 1976, a los 15 años, tuvo su tarjeta de tonton macoute –la organización paramilitar al servicio de los dictadores François y Jean Claude Duvalier– para evitar ser arrestado. Sin embargo, “eso no impidió que me detuvieran en múltiples ocasiones”, dijo.

Según Human Rights Watch (HRW), entre 1991 y 1994 los tonton macoute asesinaron alrededor de 5 mil personas y miles más fueron torturadas; la mayoría eran opositores al régimen de Jean Claude Duvalier, Baby Doc. Grupos de derechos humanos como la Liga de Expresos Políticos y Familias de Desaparecidos denunciaron en 1987 que el total de los muertos durante los 29 años de dictadura duvalierista fue de entre 30 mil y 50 mil.

Jeb Sprague, periodista y autor de diversas investigaciones sobre la dictadura de Duvalier, sostuvo en un artículo publicado en marzo pasado en el sitio www. haitianalysis.com que Martelly “es un ferviente partidario y colaborador del dictador asesino Baby Doc Duvalier desde los años de su régimen.”

Apuntó que “bajo la dictadura de Duvalier, Martelly manejaba Le Garage, un club nocturno frecuentado por oficiales del ejército y miembros de la pequeña clase gobernante de Haití”.

Tras la caída de Baby Doc, Martelly fue un duro crítico de Lavalás, movimiento encabezado por el expresidente Jean Bertrand Aristide, quien se convirtió en la figura política dominante en el país durante los noventa y comienzos de la década de 2000. En febrero de 2004, cuando Aristide cumplía un segundo mandato como presidente, Estados Unidos lo derrocó y lo envió en un avión a Sudáfrica.

Martelly se opuso a Aristide mediante sus canciones. En Haití eso no es poca cosa: la música ejerce una importante influencia política, a tal grado que –según el citado texto publicado en el Washington Post– los diplomáticos extranjeros y funcionarios de Estados Unidos tomaron nota de la letra de una canción de Martelly titulada Rice (Arroz), en la que hace referencia a los disturbios en un almacén del muelle de Puerto Príncipe en febrero de 2002.

“La canción acusa a partidarios de Aristide de robar costales de arroz de un programa para ayudar a los pobres”, apunta el artículo del Washington Post.

Una estrofa dice:

 

Ellos no ven lo que está sucediendo

en este país

El coche oficial en el frente

El camión de arroz en el centro,

La seguridad atrás.

Proteger el arroz.

Ven, pero nunca entienden.

Dame el país.

Te has ido, te has ido, te has ido.

 

El pasado 16 de enero Baby Doc regresó a Haití después de 25 años de exilio en Francia. Las autoridades haitianas lo detuvieron y lo llevaron al Palacio de Justicia para ser interrogado. Los grupos de derechos humanos exigen que sea juzgado por delitos de lesa humanidad. El gobierno tiene de plazo hasta el jueves 19 para completar una investigación y fincar cargos en su contra.

Según el informe Haití, cita con la historia, elaborado por Human Rights Watch y fechado el 14 de abril último, Martelly ansiaba el regreso de Duvalier e incluso indicó que estaría feliz de tenerlo como asesor. “Tales posiciones son incompatibles con las obligaciones de derecho internacional de Haití.”, precisa el informe.

Añade: “Con el terremoto se ha reducido aún más la capacidad del Estado y se ha socavado casi totalmente la capacidad de salvaguardar los derechos fundamentales (…) Los fracasos en la reconstrucción y en las elecciones han confundido y erosionado profundamente la legitimidad del gobierno”.

Y concluye: “A pesar de los obstáculos creemos que el enjuiciamiento de Duvalier debe ser una prioridad para romper con la impunidad del pasado”.

Consultado por periodistas sobre el regreso del exdictador, Martelly dijo: “Duvalier volvió porque Haití es una democracia”.

El pasado 17 de marzo Aristide también volvió a su país después de siete años de exilio en Sudáfrica. Muy abierto Martelly dijo: “Mi sueño es ver a todos estos exdirigentes en un solo lugar para la reconciliación nacional (…) Una vez en el poder, me gustaría que ellos fueran mis asesores para aprovechar su experiencia”.

El asesor

 

La campaña de Martelly hizo énfasis en su calvicie. En los carteles de su propaganda se veía su rostro sobre un fondo rosa con la frase Tet Kalé (cabeza calva).

“Nuestro eslogan Tet Kalé fue un mantra muy poderoso que se convirtió en el grito de liberación de millones de haitianos”, dijo el asesor electoral de Martelly, el español Antonio Solá, en una entrevista publicada el pasado 15 de abril por el portal en internet PR Noticias.

En 2006 Solá estuvo en México y fue el artífice de la campaña negra orquestada por el equipo de Felipe Calderón en contra del candidato presidencial de la coalición Por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador.

En agosto de 2010, en el arranque de las campañas políticas, Martelly sólo contaba con 5% de apoyo electoral. Una semana antes de la primera vuelta –realizada el pasado 28 de noviembre– las encuestas daban como ganador indiscutible a Mirlande Manigat, viuda del expresidente Leslie Manigat y candidata del partido Reunión de Demócratas Nacionales Progresistas (RDNP). En segundo lugar colocaban a Jude Celestin, del partido Inité (Unidad, en creolé) y delfín del presidente saliente René Preval. En último lugar estaba Michel Martelly, candidato de la organización Respuesta Campesina.

La primera vuelta estuvo plagada de irregularidades: relleno de urnas, compra de votos y “muertos votantes”; 12 de los 19 candidatos denunciaron el fraude. Aseguraron que desde el gobierno se favoreció a Celestin.

Después de que el Consejo Electoral Provisional (CEP) anunció los resultados que daban como perdedor a Martelly, el cantante llamó a sus seguidores a “protestar sin violencia hasta la victoria total”. Éstos levantaron barricadas de neumáticos en llamas en Puerto Príncipe y sostuvieron varios enfrentamientos con la policía.

Luego, Martelly exigió y logró un conteo independiente al CEP. Así logró sacar de la contienda a Celestin.

Ya en la segunda vuelta –celebrada el 20 de marzo– Martelly derrotó con 68% de los votos a la candidata Manigat, según los resultados dados a conocer el 4 de abril por el CEP. Pero en los hechos sólo recibió 700 mil votos de un electorado de 4 millones 700 mil personas. El “gurú del kompa” ganó la presidencia de un país donde nueve de cada 10 haitianos no pudieron votar, reconoció el CEP.

¿Por qué los que sí votaron lo hicieron por Martelly?

De acuerdo con las encuestas, la respuesta más frecuente fue: “porque sus canciones hablan de la pobreza”. Y ello no es desdeñable: según The World Factbook, una suerte de almanaque económico y sociopolítico mundial elaborado por la Agencia Central de Inteligencia estadunidense (CIA, por sus siglas en inglés), 80% de los haitianos vive en el umbral de la pobreza; y, de acuerdo con el Unicef, la mitad de la población sobrevive con 1.25 dólares al día.

Gastón Elso, taxista que conduce una camioneta desvencijada, comentó en noviembre pasado al reportero que votó por Martelly debido a que éste es calvo y a que sus canciones se refieren a la miseria. De hecho, cada vez que un haitiano se refiere a Martelly sacude la cabeza con sus manos.

Así, las simpatías por él oscilan entre el hartazgo hacia un gobierno que no ha levantado al país después del terremoto y la solidaridad con un músico que le canta a la miseria en sus canciones. En las peluquerías de Puerto Príncipe los hombres hacen fila para que los rapen y puedan parecerse al presidente.

“Tet Kalé ha sido el eslogan de la campaña porque representa la esencia de Michel Martelly. Significa cabeza rapada, pero también ‘estoy contigo, hermano’, ‘estoy contigo en todo hasta el final’. Eso es Michel para los haitianos. Un hermano, un hombre con el que están en todo, como él con ellos”, explicó Solá en la entrevista con PR Noticias.

 

El “atentado”

 

La estrategia electoral de Solá incluyó hasta la invención de un atentado en contra de Martelly. El 26 de noviembre –dos días antes de la primera vuelta– los asesores del candidato divulgaron que a las 22:05 horas de ese día un par de sujetos dispararon contra Martelly desde una camioneta Toyota en las calles de Aux Cayes, ciudad ubicada al sur de Puerto Príncipe, y añadieron que se salvó de milagro, a diferencia de uno de sus seguidores, que murió en la balacera.

La esposa de Martelly, Sophia Faint Rémy, dio aviso del falso atentado a Edmond Mulet, responsable de la Minustah, misión de la ONU encargada de mantener el orden en Haití. Incluso la mujer acusó del ataque a dos candidatos del partido oficialista Inité al Parlamento haitiano. La acusación –interpuesta ante instancias judiciales– activó la emergencia, y rápidamente la policía y la misión de la ONU buscaron a los asesinos, así como el cuerpo del simpatizante. No encontraron rastros de éste ni de atentado alguno.

A la mañana siguiente, un primo de Martelly, Richard Ross, declaró que se había presentado un incidente violento con hombres armados. Solá ratificó la “veracidad” del hecho, pero advirtió que la información era “confusa (pues) nadie confirma al muerto”.

El efecto mediático surtió efecto: unas horas después los haitianos acudieron a las urnas y posicionaron a Martelly, la “víctima” del atentado. Una encuesta que manejaron “confidencialmente” los funcionarios de la ONU y los encargados de prensa de los candidatos –cuya copia obtuvo Proceso– señala que habría ganado en la primera vuelta con 39% de los votos, por encima de Manigat, que obtuvo 31%, y de Celestin, que consiguió 12%. Estos datos difieren del resultado oficial de la primera vuelta, según el cual Manigat obtuvo 31% y Celestin 22%. Este último conteo fue impugnado por nueve de los 12 candidatos.

Una vez ganada la presidencia, Solá declaró que firmó un contrato para asesorar a Martelly durante los próximos cinco años de su administración.

“El presidente electo Martelly nos ha dado el mandato de dirigir la transición. La estamos llevando a cabo en este momento, pues asumirá todos los poderes a mediados de mayo. A partir de ahí, seremos los asesores de cabecera del presidente para los próximos años, con funciones ejecutivas y estratégicas, dentro y fuera del país”, dijo el español a PR Noticias.