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Imagen: presidencia.gob.mx

Un elaborado vídeo de animación generada por computadora muestra, en una escala de colores que va del azul al blanco (los nuevos colores del sitio de Presidencia que, casualmente, guardan similitudes con los del Partido Acción Nacional a, casualmente, un año de elecciones presidenciales), una compleja estructura en la que van apareciendo imágenes o perfiles del Presidente Felipe Calderón y los miembros de su gabinete con su fotografía, nombre y cuenta de Twitter.

Cada imagen está montada sobre una esfera que se une por miles de conexiones a otras esferas en lo que, evidentemente, representa la estructura de las redes sociales. El vídeo concluye con el abstracto logo de “Comunicación Digital Presidencia”.

Subido a Youtube, el vídeo forma parte de lo que parece ser la nueva campaña de “digitalización” y “modernización” del Gobierno Federal y con el título “Presentación de cuentas de Twitter de Secretarios y Dependencias del Gobierno Federal”, hace evidente que no puede quedarse atrás en la carrera de las redes sociales.

En un comunicado publicado en el sitio web de la Presidencia de la República el pasado 12 de abril se aclara: “A partir de hoy, todos los miembros del Gabinete contarán con una cuenta de Twitter para comunicarse directamente con la gente”.

Posteriormente, menciona que los funcionarios que ya contaban con este sistema de información “se adaptarán a reglas muy sencillas y fáciles de instrumentar para informar mejor a los mexicanos”. Es decir, Presidencia busca dos cosas.

La primera es que, aunque no lo quieran, los funcionarios y dependencias deberán integrarse al sistema de microblogging para “fortalecer su comunicación institucional, y enriquecer el debate público de los temas de su sector”. Y la segunda es que, hayan sido parte o no de Twitter, los miembros del gabinete habrán de publicar bajo un mismo formato (algo similar a lo que ocurre con el «Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia”), o al menos, a eso parecen referirse las “reglas muy sencillas y fáciles” que menciona el comunicado.

Acto seguido, se enumeran cada una de las dependencias del Gobierno Federal, su cuenta de Twitter y la de su titular.

La idea es, pues, que el ciudadano tenga un contacto mucho más directo con su funcionario y que éstos puedan atender de forma más “personal” las necesidades de los mexicanos.

Esta medida se siente, sin embargo, un poco atrasada con el ritmo que la sociedad y sus redes llevan desde hace un par de años. Posiblemente, el boom del Twitter en la política lo haya originado en 2008 el actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien se sirvió de esta plataforma durante su campaña.

Desde entonces, son muchos los políticos que se han rendido a los 140 caracteres y que ha entrado en “contacto directo” con la gente.

Y es que si algo ha podido comprobarse en los últimos dos años, es el poder que el mundo virtual, y en particular las redes sociales, comienzan a tener sobre la realidad. Basta ver los recientes acontecimientos ocurridos con Carmen Aristegui o con el periodista Javier Sicilia para darse una idea.

En el caso de la primera, fue la presión ejercida en estos espacios una de las principales colaboradoras para su regreso a la radio mexicana; y en el caso del segundo, fueron estos los principales medios que ayudaron a convocar a las marchas del pasado 6 de abril.

Así pues, ante reacciones de este tipo y ante lo que Alejandra Sota, coordinadora de Comunicación Social de Los Pinos e impulsora de esta medida de “Gabinete Virtual”, expone en un artículo titulado La nueva comunicación digital y publicado en la página de la Presidencia, era inevitable que las instituciones se acabasen rindiendo a estos nuevos modelos de comunicación.

En su artículo, Sota escribe:

Hoy hay 30.6 millones de usuarios en el país; y de hecho, México lidera a los miembros de la OCDE en la tasa de crecimiento de penetración de internet.

Ni qué decir del alcance y, sobre todo, el potencial de las redes sociales: tenemos 18.4 millones de usuarios en Facebook y el número de twitteros es de más de 4 millones, con crecimiento exponencial.

Lo que tal vez las instituciones no han tomado en cuenta, y que Mario Campos explica en un artículo de Lizeth Castillo es que “el mundo online es muy distinto del offline, es bidireccional”. A la opinión del politólogo cabría agregar el hecho de que el Internet ofrece una horizontalidad bastante incómoda para la acostumbrada verticalidad unidireccional de las instituciones.

Así como es posible hacer una solicitud ciudadana vía la red 2.0, es también factible desahogar todo tipo de ánimos hacia figuras o instituciones a las que, en otra época, el ciudadano promedio no hubiera tenido acceso. De esta manera es posible generar en Twitter Trending Topics como aquel del verano de 2010 que rezaba #chingueasumadrefelipecalderon y que, aún no se sabe, pudo haber sido objeto de censura de parte de la compañía que ofrece el servicio de microblogging.

De igual forma es posible descubrir el “lado humano” de estas figuras que en otro tiempo se hubiesen antojado inalcanzables. Y ese “lado humano” incluye cosas que van desde los tweets románticos entre el presidente y la primera dama, hasta crasos y cómicos errores como el del tweet en el que Calderón aseguraba que daría un mensaje “abusivo” a la nación.

El tener a los funcionarios en Twitter facilita que los usuarios establezcan diálogos con ellos, e incluso, acaloradas discusiones. De igual forma permite llevar los viejos modelos de la política a los nuevos espacios de la sociedad, como el reciente caso de la bancada priista y su apoyo total al candidato al gobierno del Estado de México, Eruviel Ávila.

La constante e inminente presencia de políticos e instituciones en Internet le dan al ciudadano una nueva herramienta y un nuevo sistema de comunicación, pero también, representa un replanteamiento de su labor y de su status como figuras. Habrá que ver si esta nueva plataforma acerca más al funcionario a la gente, o sólo le permite reproducir los viejos modelos.

Por ahora, el usuario tiene un enorme catálogo al que acceder de una forma, eso sí, mucho más horizontal que en otra época. A comenzar a practicar este nuevo modelo de comunicación.